El resurgimiento de los zapateros

Fuente: Primera Edición ~ Los Alfonso se dedican a reparar calzados de todo tipo, carteras, bolsos y pelotas desde hace casi ocho décadas. Hoy Viviana, la cuarta generación en la familia, le da el toque femenino al taller.
El movimiento es intenso dentro del pequeño taller, don “Kelo” y su hija Viviana se turnan para atender a los clientes y avanzar con los trabajos de reparación de calzados, un oficio que conocen a la perfección y que resurgió a partir de la dura realidad económica que vive el país en este contexto de pandemia de coronavirus.

“Siempre tuvimos nuestro local acá por la zona, al principio hace más de 80 años arrancamos en Buenos Aires y Sarmiento. Yo empecé a los ocho años y tengo actualmente 70, así fui aprendiendo”, comenzó explicando Don Héctor Matías Alfonso, más conocido como “Kelo”.

Empezó en la actividad como “mandadero para mi padre y mi hermano mayor. Ellos tenían su local que lo había comenzado mi abuelo y que nunca cambió de nombre: Zapatería Marina”, contó con orgullo a PRIMERA EDICIÓN mientras ultimaba los detalles para pegar una de las tantas zapatillas que esperaban su turno.

Alfonso remarcó que “soy el último de esa generación y mi hija Viviana, que está hace varios años conmigo en la actividad, es quien me va a suceder. Soy jubilado pero no alcanza y tengo que seguir metiéndole a este trabajo. Soy composturero, antes también fabricaba calzados pero después el sistema hizo que los materiales acá en el país sean muy caros y eso cambió nuestro panorama de fabricación porque fue decayendo paulatinamente hasta que se hizo insostenible. Allí nos volcamos decididamente a la compostura para seguir en el rubro”.

La pandemia de COVID-19, inesperada, terminó dándole una mano a la actividad, dijo Alfonso, porque “la crisis económica provoca que muy poca gente pueda comprarse calzados y entonces ahora muchos son los que nos traen para que les reparemos zapatillas, zapatos, en especial quienes son empleados porque no les alcanza sus ingresos. Además el puente con Encarnación está cerrado y eso repercute porque la gente cuando se le rompía un zapato directamente lo tiraba y pasaba a comprarlo allá donde les salía casi al precio de una compostura de acá. Eso ahora no sucede y también influye el tema del precio del dólar, porque será más caro comprar allá”.

Fue cambiando mucho el material de los calzados, dice Alfonso, “no queda casi nada de cuero. Hoy las bases son de goma y vienen todas completas, es un trabajo de reemplazar pero que tiene sus secretos también, porque hay que saber qué tipo de pegamentos utilizar, preparar adecuadamente, hacerle algunos retoques para que tome bien y garantizar el trabajo”.

Los Alfonso tienen clientes de muchos años también e incluso hay quienes “pagan en cuotas porque ya los conocemos, nos traen calzados de toda la familia para repararlos, porque no es sencillo para quienes tienen hijos en edad escolar de tener todo en condiciones, los zapatos de la escuela, las zapatillas para educación física, además de los que son para trabajar o salir de paseo, que a veces suele ser el mismo”.

Con tantos años dedicados a la compostura de calzados, Alfonso es una voz autorizada para opinar sobre cuál es la falla más recurrente que debe solucionar y no dudó en apuntarle al “pegado, es una falencia que se observa en la gran mayoría sean zapatos, botas o zapatillas. Hay pegamentos más específicos de acuerdo al material y cometen el error de emplear el mismo para todos, incluso la misma técnica, cuando debería ser de acuerdo a la actividad para la cual estará destinada. Si es una zapatilla para correr debe estar reforzada, por ejemplo, o un botín de fútbol. Además los tiempos cambiaron y la gente se compra un calzado para andar todo el día, llevar al trabajo o salir a pasear y entonces debe estar siempre impecable, en condiciones y para eso estamos nosotros”.

La “heredera” de la tradición

La “heredera” de la tradición familiar, Viviana Alfonso, comentó que “soy única hija y tenía que seguir el varón (risas). Sé que resulta raro ver a una mujer que realice trabajos de compostura en una zapatería, pero a mí me gusta, de hecho me especialicé en los zapatos de damas, que requieren un tratamiento más delicado por el tema de la costura, de la pintura y también en los cierres de carteras y mochilas. Este es mi espacio y estoy feliz de ello”.

A Viviana la llaman “Marina” por el nombre del taller original de ocho décadas atrás que se mantuvo. “Desde chiquita que empecé a colaborar, cuando me iba a la primaria y ya dormía arriba de las planchas de suela de cuero que se compraba para los mocasines que ahora ya no se usan. Durante la secundaria siempre hacía los mandados y compras vinculadas al rubro de algunos insumos”, apuntó.

Un momento clave en su vida fue “cuando me casé y tuve a mi hijo. En ese momento trabajaba en un comercio y me replanteé qué hacer porque era compleja la situación. Opté por trabajar con mi papá, primero medio día y luego ya de lleno en esta profesión”.

Viviana remarcó que “son diez años ya que llevo abocada a esto y hubo tiempos difíciles donde no lo pasamos bien porque no teníamos demanda. Luego fue cambiando y la gente empezó a acercarnos sus zapatos para arreglarlos y eso nos permitió salir adelante. Tenemos clientes a los que atendemos incluso los fines de semana, por una urgencia. Y si es necesario, no dudo en agarrar el auto y ver cómo podemos solucionarle el problema”.

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